Wild Wild West

Comentamos que Las Vegas se ubica en medio de  “la nada”, un punto perdido en el desierto, por eso cuando la abandonamos dirigiéndonos al Gran Cañón, estábamos preparadas para soportar altas temperaturas, pertrechadas de garrafas de agua, gasolina hasta arriba, comida y, yo en particular, crema de protección alta hasta las cejas, sabiendo que el calor de Las Vegas solo había sido un anticipo y que a partir de ahora todo sería beige, marrón y amarillo… por eso mientras nos internábamos en lo más profundo de Arizona, al ver que lo verde aumentaba y el calor disminuía, nuestra frase del viaje no dejaba de repetirse:

“¡Qué desierto tan frondoso!”

*****

Por la mañana dejamos pronto el hotel para ir hasta el aeropuerto a recoger el coche de alquiler con el que continuariamos nuestro viaje hasta el final.

La salida de Las Vegas impresiona un poco porque es cuando te das cuenta de que está puesta en medio de la nada…

El viaje hasta el Cañón del Colorado dura aproximadamente unas 5 horas. Durante el camino se pasan varios pueblecitos atravesados por la famosa “ruta 66” que son muy interesantes, como Seligman o William, ambientados en el oeste, aunque quizás pequen un poco de preparados, pero nosotras aprovechamos para hacernos con unos auténticos sombreros de cowboy 😉

Llegamos hasta Tusayan. Atravesamos la entrada al parque del Cañón, y de nuevo aquellos que no tengan el pase anual han de pagar $25 por entrar.

El parque dispone de hostales, cabañas y algunos campings. La reserva en estas fechas del año es indispensable, pues todo está lleno. Hay un camping que no necesita reserva, pero  si no se llega antes de la 12 p.m. es muy dificil conseguir plaza.

En el parque funcionan varios autobuses gratuitos que van haciendo distintas paradas por los miradores, los cuales se pueden hacer también andando.Nosostras llegamos por la tarde y estuvimos recorriendo gran parte de ellos.   Después fuimos alejandonos de la gente hasta llegar  no muy lejos de  Hopi  Point, uno de los lugares más recomendados para ver el atardecer. Alli decidimos sentarnos al borde del Cañón a contemplar semejante belleza. La tranquilidad y calma que se respira desde alli es increible, y uno se siente tan pequeñito ante tal estampa que parece que va a ser absorbido por ella en cualquier momento.

Después del largo dia nos retiramos a nuestro camping  a prepararnos una hoguera y contemplar unos de los cielos más estrellados que hayamos visto.

A la mañana siguiente, emocionadas por las vistas del gran Cañón hicimos la locura de levantarnos a las 5 de la mañana para ver el amanecer, pues la ocasión lo merecia. Recomendamos para ello la parte este del Cañón, concretamente el Yaki Point, el mejor punto del parque desde el que se puede apreciar.

Después del madrugón aún nos quedaba un largo día por delante. El siguiente destino era Monument Valley, que se encuentra a unas 3:30 de allí, pero como íbamos tan bien de tiempo decidimos que podría ser interesante desviarse a medio camino y acercarnos a alguna de las resevas indias, en concreto a un poblado de los Hopi, llamado Old Oraibi, considerado como uno de los asentamientos más antiguos en América del Norte. Nos metimos por zonas un poco desérticas y deshabitadas, demasiados kilómetros para darnos cuenta que esta gente vive de una manera precaria, en chavolas y caravanas, y después de estar deambulando por aquel territorio en el que el GPS nos jugó una mala pasada porque se desorientó por completo, por fin encontramos el poblado, pero viendo el desastroso estado en el que se encontraba, dedicimos que mejor ni nos bajábamos del coche. Esto nos hizo perder mucho tiempo en el viaje, y encima había que sumar una hora más porque en Monument Valley, al estar en territorio Navajo, no se cambia la hora.

Según íbamos llegando el paisaje nos recordaba a películas de Oeste. La entrada a Monument Valley son $5 por persona, los pases o entradas de otros parques no valen en territorio navajo. De hecho, el pueblo navajo vive del turismo que llega a sus reservas y de la artesanía que venden en los numerosos puestos que colocan en las carreteras.

El recorrido en Monument Valley es por un camino sin asfaltar lleno de piedras y tierra. Son unos 27 kilómetros, pero con un coche normal como el que llevábamos nosotras se puede tardar en recorrerlo una hora u hora y media, teniendo en cuenta que además se va parando para tomar fotografías. No todas las zonas están permitidas, de hecho hay algunas a las que solo se pueden acceder mediante tours, en 4×4.

Se empezaba a hacer tarde, y aunque en principio nuestra idea era tirar un poco más hacia delante para llegar hasta Mexican Hat, nombre que recibe por una formación rocosa con forma de sombrero, y el Valle de los Dioses, decidimos que no nos quedaba más que una hora de luz y aún teníamos que dar la vuelta y llegar hasta Page o Kanab, donde no teníamos alojamiento, y sospechábamos que podría ser complicado encontrar ya que desde España habíamos visto que la oferta estaba completa.

El madrugón de la mañana y las largas horas del viaje empezaban a hacer mella, así que cuando llegamos a Page, tras dos horas y media de viaje, decidimos no continuar más, pues estábamos agotadas. Nuestro problema, todos los lugares colgaban un letro que decía “NO VACANCY”.

El día siguiente fue especialmente duro tras la subreal aventura de la noche anterior.

A las cinco y media ya estábamos con el ojo abierto, y aunque costó ponerse en marcha, estábamos nerviosas e ilusionadas con el sorteo al que íbamos a asistir para “The Wave” (a esto dedicaremos una especial entrada para explicarlo con detalle)

Después del sorteo que se realizaba a medio camino entre Page y Kanab, regresamos de nuevo a Page para visitar dos de los sitios que más nos han llamado la atención en esta parte del viaje:

– Horseshoe Bend, desde la que se puede ver una panorámica del lago Powell. Hay un recorrido de un kilómetro por una zona de arena para ver el lugar. Las temperaturas son bastante altas, por lo que es recomendable ir con agua y calzado adecuado. El color rojizo de la roca y el verde del agua hacian un contraste impresionante.

De allí nos dirigimos hacia Antelope Canyon, un impresionante cañón de arenisca con dos zonas diferenciadas. Este lugar es muy apreciado por lo fotógrafos, de hecho hay tours especiales para ellos. La mejor hora es entre las 11:30 y 12h, que es cuando la luz entra en cañón dándole un aire mágico al lugar.

El más famoso es el Upper Antelope, en el que se necesita reserva previa, aunque después de leer que en verano podría estar masificado, y el hacer fotos podría ser una odisea, decidimos hacer el Lower Canyon, el cual no requería hacer ninguna reserva, y es igualmente increible. La verdad es que no hay palabras para describir el lugar, solo hay que mirar las fotografías.

Para acceder al lugar, por ser territorio de los navajos, hay que pagar una entrada de $6, además de los $20 del tour, pues es la única manera de poder hacer esta excursión. Hay que tener en cuenta que en esta zona, en esta época del año,son los monzones por lo que hay que estar atento al tiempo porque las excursiones pueden suspenderse cuando llueve, ya que las riadas en el cañón pueden ser peligrosas.

*****

El pueblo de Page está rodeado de multitud de monumentos que ver, con (supuestamente) gran cantidad de oferta hostelera, y además es el único pueblo decente en varias millas a la redonda. Llegamos a Page a las 23h, sí, de la noche, sin reserva…

¿Por qué decidimos internarnos en este pueblo a estas horas sin reserva? Porque ya habíamos probado desde España y ya estaba todo completo. ¿Por qué aún así decidimos probar suerte? ejem… sin comentarios. El caso es que, efectivamente, ni en campings, ni en hostales, ni hoteles, nada, “no vacancy, sorry”. Estábamos planteándonos el lugar ideal para aparcar el coche y definitivamente dormir como pudiéramos en él cuando de pronto nuestra suerte cambió. Llegamos a un hotel donde un señor muy simpático se desvivió por nosotras. A pesar de no poder ofrecernos habitación en su hostal, porque estaba completo, comenzó a llamar a otros hoteles buscándonos un lugar para esa noche.

En primer lugar no me gustó la mirada que nos echó al llegar, de arriba abajo y de izquierda a derecha, y cuando le vi coger el teléfono y llamar para enviarnos a un hotel, se me retorcieron las tripas, pero todo seguía su curso, el hombre llamaba, Gracia y yo estábamos a la expectativa de un “yes” o “no”, nos habíamos levantado a las 5 a.m. para ver amanecer y llevábamos kilómetros bajo un sol de muerte a las espaldas. Definitivamente, necesitábamos dormir.

– Os he encontrado habitación, pero es individual – nos dice.

¡Qué bien!

– No nos importa – (claro, la otra opción era dormir en el coche, así que dormir en el suelo ya se antojaba hasta cómodo) – ¿Por cuánto?

– 140 dólares más tasas.

– ¿¡140 dólares!?

(por una simple, para dormir cinco horas porque teníamos que levantarnos a las 6 para irnos a Kanab… demasiado caro…)

– ¿No tienen otra cosa más barata?

– Esperar, voy a ver…

El hombre sigue llamando y nosotras mordiéndonos las uñas. Al rato nos encuentra otra, pero luego resulta que demasiado lejos. Luego en otro parece que sí y luego es que no. Quizás el hombre hizo 12 llamadas, y nosotras susurrábamos qué propina darle por las molestias (porque a pesar de que los americanos nos parecen súper amables, en este pueblo en particular dimos con algunos un tanto bordes, y al final se agradece un poco de ayuda), cuando dice:

– Sí, ok, ¿para dos personas? Muy bien, sí. ¿Cuánto? – Todo esto nosotras en silencio escuchando y el hombre asintiendo con el teléfono en la oreja – 90 dólares tasas incluidas, a solo 7 millas de aquí.

Evidentemente, lo cogimos. Era como una respuesta del cielo. Le dimos las gracias mil veces, le dimos un billete de 10 dólares y nos fuimos con un mapa que el hombre nos hizo para llegar, porque era un poco complicado

– Llevamos gps, ¿no nos podría decir la dirección exacta del lugar? – le dijimos antes de irnos. El hombre busca en unos papeles pero dice que desafortunadamente, no, no tiene la dirección, pero asegura que no nos perderemos con las indicaciones del mapa.

Una vez fuera y yendo hacia el coche se apoderó de mí la paranoia.

(Perdona mamá por lo que voy a contar)

Hay que comentar que unos días antes Gracia y yo habíamos mantenido una conversación de lo más oportuna. Hablábamos sobre películas a raíz de que en el aeropuerto un chico español se nos acercó pidiendo ayuda y se la negamos. Comenzamos a recordar películas que habiamos visto tratando el tema de los “desconocidos”. Yo en particular recordaba una que me impactó de dos chicas americanas que viajan a París, supuestamente a casa de una de ellas, pero en el aeropuerto conocen a un chico muy guapo  que las acompaña a casa en el taxi y que las invita a una fiesta esa noche. Antes de esa misma noche, entran en la casa y las raptan, y el resto de la historia es cómo el padre trata de encontrar a su hija. Quien la haya visto la recuerda porque da qué pensar. Bridget Jones, en Sobreviviré, también trata el tema de un conocido que le regala un objeto cargado de droga en el interior y, aún en clave de humor, no la dejan salir del país por confiada. El tema es que éramos dos chicas solas, desesperadas, dirigiéndonos a un lugar alejado por completo del pueblo, de noche, de parte de un tipo al que no conocíamos. Cuadno le conté mi paranoia a Gracia, decidimos preguntar a alguien si conocía el hotel al que nos enviaban, un sitio llamado Cowboy Motel. Paramos en un hotel importante y preguntamos al recepcionista si existía este sitio. Pues no, no había escuchado hablar de él, ¿estaba en Page?, ¿seguro? A mí se me pusieron de corbata y perdón la vulgaridad, pero es lo que mejor lo expresa.

– Entonces ¿qué hacemos?

– Yo casi prefiero dormir en el coche que ir a este sitio, ¿te imaginas meternos ahí y que luego sea otra cosa?

– Pero podríamos estar desechando la única posibilidad de una cama, y estamos rendidas.

– Ya, la verdad es que sí, si seguro que soy una paranoica. Venga, vamos para allí arriba.

– Jo, ahora ya me has metido el miedo a mí también. Esas mierdas de películas…

El primer motel donde habíamos preguntado había una calle iluminada con escasas farolas, varios coches aparcados y habitaciones con ventanas hacia la calle, muy silenciosa pero no demasiado apartada. Aparcamos el coche entre una ranchera y un 4×4, recostamos los asientos, cerramos con seguro y dormimos.

Creo que han sido las mejores 5 horas que he dormido en mi vida.

Published in: on 27/07/2011 at 7:32 pm  Comments (3)  
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3 comentariosDeja un comentario

  1. A mi… de corbata, antes de leer el desenlace…
    menos mal que fuisteis prudentes y que… ¡os quedasteis a dormir en el coche!
    Anécdotas mil vais a tener para contar.
    Preciosa fotografía la de Gracia en el rizo de roca…y las del atardecer.
    Me dais una envidia… Besos mil

  2. Y muchas más que se quedan en el tintero! ya te las contaré cuando esté en casa. Mua!

  3. Locaaaaaaaas!!!! Besos


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