ReCueRdOs de un VIAJE…

Hoy pretendo poner fin a este cuaderno de bitácoras de una manera diferente, y como homenaje al viaje que hemos hecho, he preparado un pequeño video resumen de algunos de los momentos vividos en los que andábamos perdidas en territorio comanche ;-P

Me gustaría también agradeceros a todos los que nos habéis seguido porque es lo que alimentaba la ilusión de escribir cada día que podíamos, a pesar del cansancio… y es que los días podían llegar a ser muy intensos.De hecho, yo había ocasiones en que estaba totalmente desorientada y no era capaz de recordar donde habíamos dormido el día anterior o si lo que habíamos hecho por la mañana pertenecía al mismo día …jejejje. Y, bueno, como no, por supuesto, también agradecer la colaboración de Gema en este blog, en la que con sus historietas narraba de manera graciosa algunas de nuestras anécdotas, y las cuáles yo no habría sabido hacer  mejor 😉

Aquí va el video, espero que os guste… (Pincha sobre la imagen)

Aventura por el FAr Far west

Published in: on 08/08/2011 at 1:33 am  Comments (5)  
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Havasu Falls

Como comenté en la primera entrada, y antes de acabar el blog, me gustaría dedicar una entrada a las Havasu Falls, quizás porque el sitio merece una entrada por ser un sitio increíble, quizás porque no lo conseguimos hacer o quizás porque si hubiéramos previsto que debíamos haberlo planeado con más tiempo entonces hubiera sido posible…

Esta entrada puede resultar de poco interés para muchos de los que nos habéis seguido durante nuestro viaje, porque no narra ninguna de nuestras andanzas, pero creo que puede resultar bastante  útil  para aquellos viajeros que estén planificando un viaje por el Gran Cañón. Al final del post dejaré un link de unos chicos que nos cuentan su experiencia en este territorio de los hualapais, y que a mi me atrapó!

Las “Havasu Falls” se encuentran al sur del Gran Cañón de Colorado, y es una de esas excursiones que si lleváis un viaje organizado desde España, os garantizo que no os la incluirán, quizás ni os la mencionen… pero no por ello merece menos la pena.
Ya no recuerdo muy bien, como dí con el lugar , imagino que buscando información sobre el Cañón en la web la vi mencionada y me entró curiosidad ( para variar😉 ) ,  y después de ver en fotos esas pedazos cataratas en medio del desierto con ese color azul turquesa, escondidas en una pequeña reserva india de difícil acceso, hizo que aún me entraran más ganas de ir…

havasu falls

Esta excursión no se puede hacer en un día, y os explicaré que se debe, como comenté, a su difícil acceso. Se llega a través de Seligman, por la mítica ruta 66, en dirección a Hualapai Hilltop, donde se encuentra el punto de partida. El último tramo, por la carretera de Indian Road 18 , no hay ningún tipo de servicio, así que es importante, teniendo importante que es desierto aprovechar en Peach Springs para repostar. Aquí os dejo un pequeño mapa para que os situes si planificais esta excursión…

mapa para llegar a Hualapai Hilltop

Desde Peach Springs o Seligman son unas 2h.30-3h llegar hasta Hualapai Hilltop, que es el punto de partida para la excursión. Allí parece ser que hay una especie de “parking” donde dejar el coche.

El problema está en que se trata de una excursión de 13km!!! por montaña escarpada, de piedra y tierras, que baja zigzageando hasta el poblado, y que en verano como hace excesivo calor se recomiendan empezar la excursión cuando está amaneciendo, 5.30-6 de la mañana!!!, y que nadie se aventure a tal caminata pasadas las 10 a.m.

Todo esto supone, que vengas de donde vengas, habrás de hacer noche por los alrededores, y las opciones no son muchas, y menos por esas zonas… Cuando al principio estuve buscando, solo encontré un “hotel” en  Peach Springs ( Hualapai Lodge) , el cual aunque no era excesivamente caro, a nosotras que íbamos en plan camping-albergue , se nos salía un poco de presupuesto😉 , y el otro sitio lo encontré gracias a los chicos que comenté del blog  y está muy cerquita de Peach Springs. El lugar se llama Grand Canyon Caverns Inn y está al lado de un pequeño aeropuerto que hay en el Gran Cañón, y el precio parecía bastante asequible. Dormir en cualquiera de estos lugares supone levantarse muy muy de madrugada, como mucho a las 4 am si se quiere estar a las 6 am para empezar la excursión!!! Todo esto es un poco de locos, así que algunos deciden mal dormir en sus coches, en el parking que hay en Hualapai Hilltop, y yo creo que me hubiera declinado por esta opción, teniendo en cuenta las horas que íbamos a dormir…

La caminata, es mucha caminata, y aunque la ida puede ser llevadera porque es de bajada, la subida algunos juran llorar por llegar🙂 Para los que no están dispuestos a tal caminata, o al menos la de subida, hay también otras opciones. Se puede contratar con los indios navajos unas mulas para llegar al campamento, o al menos para que te lleven las mochilas.Durante el trayecto advierten que hay que estar atento porque el camino parece ser estrecho y en momentos te puedes cruzar con los indios navajos que llevan mulas con gente o mercancías, y uno ha de echarse bien a un lado para no entorpecer paso o asustar a las mulas porque puede ser peligroso.También existe otra opción que es el helicóptero, pero este principalmente opera para el poblado navajo, así que primero operan para las diligencias que ellos tengan  y después  el traslado de forasteros; también hay que preveer que si en cualquier momento el tiempo no lo permite o ellos así lo creen, no hay ningún vuelo :-S  ( Si se decide una de estas opciones, es importante consultar horarios porque solo operan durante unas horas del día)

Una vez realizados los 13km llegaremos al pequeño pueblo de Supai, que cuenta con un solo establecimiento para quedarse  y  también algunos otros en los que se puede comprar.Los que no pueden alojarse aquí, también pueden hacerlo en el camping, que aunque las condiciones sean básicas, creo que el lugar de acampada es ideal puesto que están a escasos metros de las cascadas. La única pega que aún son otros 3 km más…

havasu-canyon-excursión-mapa

Nuestro problema para ir fue el siguiente, este lugar custodiado por los indios, solo da un número limitado de permisos para acceder al lugar, y aunque no son tan limitados como en “The Wave”, si que se limitan al alojamiento que allí hay y que por supuesto supera bastante al número de personas que desean acceder todos los días. El hacer esta excursión, ida y vuelta, y ver el lugar en un mismo día es casi inviable. Las reservas solo pueden hacerse por teléfono y es bastante complicado el que lo cojan, y cuando lo hacen la respuesta parece ser siempre negativa (al menos esto nos pasó a nosotras, y eso leí al intentar buscar soluciones en foros).Uno puede arriesgarse a bajar sin permiso ni reserva, pero esto supone pagar el doble por la estancia allí, y es bastante cara, a pesar de lo básica que es. Esto sería el menor de los males, pues el peor sería que te hicieran dar la vuelta después de 13km. de ida, y parece ser que los indios se las gastan bien… porque al menos leí un caso en que así fue, y relatan lo mal que lo pasaron en su viaje de vuelta, casi oscureciendo montaña arriba y los indios observaban mientras esto pasaba sin ninguna compasión…

Para los que os gusta además el riesgo ( es broma) hay que estar preparado para poder salir por patas… Sí, es época de monzones así que si llueve imaginaros en ese lugar la que se puede montar. Por tanto, atención al tiempo antes de realizar dicha excursión, que esto si que no es una broma!

Curiosamente o casualmente, serán cosas del destino…hoy que me dispongo a publicar la entrada, la película  “Next” de Nicolas Cage me sorprende esta noche con imágenes del Gran Cañón del Colorado y de las famosas Havasu Falls😉

En cuanto a la exploración del lugar, aunque yo no he estado y  a pesar de haber leído bastante, creo que es mejor que lo disfrutéis a través de  este link que encontré:

http://www.losviajeros.com/Blogs.php?e=5436

william-neill-havasu-falls-and-travertine

Published in: on 07/08/2011 at 11:04 pm  Comments (4)  
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San Francisco : La ciudad de las Nieblas

La hora del desayuno en EEUU puede resultar toda una experiencia de lo más amena! (y, en algunos casos, agobiante)

– ¿Qué menú van a tomar? – pregunta la camarera, regordeta, para variar.

– El de huevos y bacon, por favor.

Lo anota.

– ¿De qué manera quiere sus huevos cocinados?

(¿No aparecían fritos en la foto?)

– Emm, um, ¿de qué tipo puede ser?

– Eggs over easy or eggs over hard, scrambled, poached eggs, o si lo prefiere sunny side-up.

– Mmm vaya. Eh… ¿cómo son los primeros?

– Los eggs over se cocinan en una cacerola con agua (algo así como escalfados??) Los sunny se hacen en sartén, vuelta y vuelta (a la plancha, no?)

– Ok, pues, eh… me quedo con el scrambled (huevos revueltos mezclados con leche o crema)

– Muy bien. ¿Scrambled soft o hard?

– Eh… hard, hard.

– ¿Bacon o salchicha?

– Pues bacon. Sí,  bacon mejor.

– El pan con mantequilla, manteca de cacahuete, miel…? (por supuesto, nunca sin nada, por favor!) ¿muy tostado o poco tostado?

Casi sudando, respondes lo primero que se te ocurre.

– Muy bien. ¿Y usted qué va a tomar?

– Pues el menú de bacon y pancakes. – Respondes casi  con miedo.

Y te preparas para el aluvión de preguntas.

– ¿Con huevos?

– Sin huevos, porque si no, pues hubiera pedido el menú que es exactamente el mismo pero con huevos. 

– ¿Bacon o salchica? ¿Pan?

Mil veces pasan a rellenarte el vaso de café y ya empiezas a temer cuando la ves acercarte cargada cafetera en mano, y te pregunta, observando con asombro tus pancakes:

– ¿No le gusta el sirope o la nata? (que están sin tocar en el platito de al lado? Si desea cualquier otro condimento para sus pancakes puedo traerle, tenemos miel, mermeladas, helado de…

– Está bien, no quiero nada, me gustan así. Sin nada. De verdad. 

*******

Por fin habíamos llegado a San Francisco, estábamos a tan solo dos días de nuestro regreso a  España y dejando atrás  días tan intensos, nos parecía que llevábamos meses en territorio yanqui.

Lo que más nos llamó la atención al llegar fue el caos de tráfico que había al entrar  y la imagen de una ciudad emborrecida por la niebla que tímidamente se dejaba ver. Al principio pensamos que quizás esta niebla era una casualidad, pero en los días siguientes vimos que era algo que formaba parte de la ciudad.

El primer día nos dirigimos hacia la colina de Twin Peaks, desde donde se puede apreciar una panorámica de la ciudad…si es que la niebla te lo permite…Nosotras tuvimos que esperar a que abriera un poco el día porque a primera hora de la mañana era difícil apreciar algo, y a pesar de todo el famoso Golden Gate se tenía que intuir.

Twin Peaks

Muy cerca de Twin Peaks se encuentra el barrio de Castro y de Haight. Aquí empezaron nuestras importantes pateadas por San Francisco, pues las calles son continuas colinas con pendientes muy pronunciadas, a las que nuestras piernas empezaron a protestar antes de que acabara el primer día. Es curioso que en esta ciudad vimos una gran obsesión por el tema de hacer ejercicio,  mucha gente haciendo footing por las empinadas cuestas, mucha bicicleta ( y no sólo de turistas) y hasta cerca de la misma bahía gente nadando… Quizás es casi una necesidad el tener que estar en forma en una ciudad como esta😉

En Castro es donde se asienta principalmente la comunidad gay. Uno se da cuenta enseguida de que ya ha llegado porque de cada ventana cuelga una de sus banderas multicolor como signo identificativo.Junto a este barrio está otro, Haight, donde se concentra el ambiente hippie y sesentero. Resulta interesante pasearse por los barrios, y recorrer calles arriba y abajo  viendo las típicas casas victorianas en las que acostumbran a vivir estos franciscanos. Las más famosas son las conocidas como las “Painted Ladies” que aparecían en la serie de “Padres Forzosos”.Estas casas se encuentran en  Alamo Square, en el barrio de  Haight.

Painted Ladies

Por la tarde habíamos planeado ir al  Golden Gate y atravesarlo hasta la isla de Sausalito, y teníamos varias alternativas de como hacerlo, o bien en bicicleta  o caminando. La primera nos llamó en principio  mucho la atención, pero las distancias que se ven el mapa de la ciudad de San Francisco son un poco-bastante engañosas…y las distancias se hacen eternas, las manzanas gigantes y las cuestas infinitas…En bicicleta suponían 2h. solo de ida y luego si queríamos podíamos volver en ferry. El cansancio de las pateadas de todo la mañana y el tiempo un poco inestable, digamoslo “fresquito” y ventoso de la ciudad hizo que nos echáramos para atrás pensando que la mejor opción era acercarse en bus hasta el Golden Gate y luego atraversarlo andando hasta Sausalito.

Golden Gate

Atención a lo que nos pasó…bien valía la pena habernos alquilado las dichosas bicicletas!!! … 5kms de ida con un viento frío que soplaba que nos echamos hasta la capucha de la chaqueta para intentar disimularlo, y cual fue nuestra sorpresa al llegar al otro lado…No había ninguna parada de autobús allí!!! y para coger algún tipo de transporte, bus o ferry, había que llegar hasta el centro de Sausalito, al que aún quedaba más de media hora de pateada…así que viendo el panorama, de vuelta otros 5kms que nos arreamos muertas de frío. Sausalito, lo dejamos para otros…dicen que es donde tienen los ricachones de San Francisco sus casas, unas casas idílicas,  flotantes sobre la bahía de San Francisco.

Al día siguiente aún nos quedaba un día muyyy largo en San Francisco hasta nuestro vuelo que salía a las 00.30 de la noche.

Aquella mañana nos dirigimos a  Fisherman’s Wharf, la zona del muelle, que se encontraba muy cerca de nuestro albergue. Allí había muchísimo ambiente, las calles abarrotodas de gente, tiendas de souvenirs, un montón de restaurantes y de puestos con bocadillos rellenos de gambas y cangrejo fresco. A destacar entre los sitios para comer, la gran fábrica de pan Boudin Bakery.

Uno de los muelles más concurridos es “Pier 39”, donde se pueden ver leones marinos, y no muy lejos de allí Alcatrazestaba el muelle desde el que salía el ferry que nos llevaría hasta la famosa cárcel de Alcatraz, también conocida como “La Roca”. La visita es gratuita, sólo se paga el ferry, pero para aquellos que deseen ir es muy aconsejable reservar con antelación ,sobretodo en verano,pues el día que nosotras fuimos colgaba un cartel en el que decía que no había entradas hasta el próximo día 14 de Agosto!!!  La visita y el traslado son aproximadamente 2h-2h.30 todo depende del tiempo que le quieras echar allí. El tour se hace individualmente con unos cascos, a modo de audioguía, en el que te van contando la historia de Alcatraz, describiendo sus estancias y en las que se cuentan algunas de las situaciones vividas allí por presos y trabajadores…Quizás la visita sea un poco macabra para mi gusto…

La tarde la dedicamos a patear algunos de los barrios, como Chinatown, un barrio enorme, que comienza en la calle Market, desde donde uno se adentra cruzando por su imponente Puerta del Dragón, y se extiende al norte hasta la Avd.Broadway. Las calles decoradas con farolillos rojos  están llenas de tiendas típicas, en las que uno puede incluso encontrar las famosas galletas de la suerte.Este barrio comunica al norte en la calle Broadway con North Beach, o también llamado “Little Italy” , donde los italianos ambientan toda sus zona con pizzerías y restaurantes donde degustar una buena pasta.

Otros barrios típicos de esta ciudad son Nob Hill y Russian Hill, donde se concentran gran parte de las cuestas más impresionantes de San Francisco,una zona donde uno puede coger el tranvía o funicular y subirse a la parte más alta de estos barrios y disfrutar de una buena panorámica de la ciudad.Es aquí en el barrio de Russian Hill donde se encuentra una de las cuestas más conocidas,la de la calle Lombard Street,considerada como “la calle más sinuosa de EEUU” con continuos zigzag en una pendiente de 40º!

Lombard Street

Y después del laaaargo dío de pateo, tocaba poner fin a nuestro viaje…😦

Rumbo al aeropuerto, y a esperar a coger nuestro vuelo…que nos ha dejado ayer despúes de más de 20 horas con escalas en nuestra hogar, dulce hogar… Esto también se agradece😉

Published in: on 02/08/2011 at 11:14 pm  Comments (11)  
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Death Valley y Parque Nacional de Yosemite

Ya ha pasado la época de los sustos, a partir de ahora nos adentramos en la parte “tranquila” del viaje. ¿Qué más da que se trate de un desierto? ¿acaso no está considerado parque nacional? ¿acaso no se paga? turístico=no problemas… ya. Llevábamos unos cincuenta kilómetros recorridos en el interior de Death Valley cuando, al inicio de una carretera, ya hartas de calor y buscando la salida, vimos un cartelito pasar de refilón.

– ¿Qué ponía?

– No sé, algo de apagar aire acondicionado…

– ¿Apagar el aire acondicionado?!!!!¿el del coche? si, hombre, ¿quieren matarnos de calor?

Por supuesto, no lo apagamos, ¡había que estar loca para eso!  Diez minutos más tarde el interior de nuestro vehículo comenzó a apestar a gasolina.

– ¿Será dentro o fuera?

Abrimos las ventanas, aspiramos, cerramos, buscamos un reguero por el retrovisor, las agujas del salpicadero… pero aquello no hacía sino aumentar. Un olor muy fuerte a gasolina que hubiera mareado a cualquiera, yo nunca lo he olido así ni siquiera en una gasolinera (y eso que soy de esa especie rara a la que le encanta el olor de la gasolina!)

Convendría detenerse en ciertos precedentes importantes: veníamos de un largo recorrido por el interior de Death Valley, 50ºC, subidas y bajadas con las que un automático cargado hasta las cejas y con el aire acondicionado a tope se las ve y se las desea, 15h del mediodía, un sol de infortunio y paraditas varias para hacer foto. El calor pesaba como si fuera una manta y no había viento, solo remolinos de tierra zigzagueando que, si te pillaban, hacían dar un bandazo al pobre coche y a nosotras dar un brinco. Luego se nos ocurre ir a Bad Water. En ese momento no lo sabíamos, pero aquellos veinte minutos eternos en que lo dejamos bajo el sol tuvo sus consecuencias. Más tarde, una vez en el hotel, revisaríamos el maletero, donde encontraríamos un brik de sopa caliente no, lo siguiente, lista para tomar, recién hervida; la mitad de mi bocadillo derretido, literalmente, el pan hecho masa pastosa, lonchas de jamón secas como cuando han estado quince días en el frigo (no es que me haya pasado a menudo, claro :-)) Por eso, por ese calor de infierno que hacía, no vimos la necesidad de seguir el consejo del cartel, apagar el aire acondicionado por el bien del vehículo porque ¡tampoco era cosa de derretirnos nosotras también!, ¿no?

Pero el coche olía como una estación de servicio entera y quizás por el mareo del olor, tal vez porque soy un poco paranoica (ya lo comenté?) me vinieron a la mente imágenes de coches explotando, como en esas películas americanas ¡qué oportuno! así que paramos en el arcén. Bajamos y ambas nos asomamos por detrás del coche. No, no había charquito delator de pérdida de combustible. ¿Venía el olor de fuera? Nos metimos dentro de nuevo. Buf, inundado. El interior apestaba. En mitad del desierto solo se nos ocurrió una cosa: parar al primer coche que pasó, que por suerte no tardó mucho. Resulta que paró, y que eran dos señores americanos de lo más amables, algo serios, pero se preocuparon y se tomaron muchas molestias, la verdad. Les explicamos lo que ocurría. Uno de ellos se dedicó a revisar el motor y el salpicadero. En esto aparece por la carretera la furgoneta de un Ranger. ¡Un ranger! qué suerte! Aliviadas, le hicimos señas para que parara. Un chico joven que paró y se acercó como perdonando la vida, pero nosotras se lo explicamos como si fuera nuestro salvador.

– ¿Por qué puede oler así? – le preguntamos.

– ¿Y yo qué sé? ¡Ni que fuera mecánico!

Y se ríe. El señor que no estaba revisando nada se rió sin gracia solo por llevar la corriente. Entonces se les ocurrió una genial idea: yo tenía que arrancar el coche y echar marcha atrás para ver si debajo hallábamos alguna pista. Tengo muy vívido ese momento, tras el volante, respirando vaharadas de gasolina, al otro lado del cristal los dos señores, Gracia y el ranger, mi mano en el contacto y yo imaginando explosiones. ¿No había retrocedido el ranger un paso? Di al contacto casi mareada de pánico, pero no pasó nada (si no no lo estaría contando)

No había reguero, ni otras señales. En esto se les ocurre abrir las puertas para comprobar que, exactamente, el interior huele a gasolina (hasta ahora a ninguno se le había ocurrido comprobarlo, unos por pocas luces, creo; el ranger porque era un miedica). Ambos señores asintieron, efectivamente, ese olor en el interior del coche no era normal. Comenzamos a buscar por todas partes posibles causas, alimentos, botes, latas que, al calor, pudieran estar desprendiendo ese olor. Al revisar el maletero se nos ocurrió algo: hace días, casi al principio del viaje, compramos leña, cerillas y una caja de pastillas para encender fuego y hacer una barbacoa. Al final no usamos las pastillas porque no sabíamos cómo hacerlo y el fuego con piñas se hacía bien, pero si ahí había algo inflamable, desde luego tenía que ser eso, ¿no? El ranger se echó a reír (¡qué novedad! estamos un poco harta de los rangers) cuando oyó nuestra teoría.

– ¿Cómo va a ser por culpa de eso? No, claro que no, eso pueden guardarlo. ¿Saben a qué me huele a mí? – en voz muy alta – A mí no me huele a gasolina, no, si quieren saber cómo huele cuando algo se quema, entren en mi auto, eso sí que desprende olor a quemado, no esto, este coche a lo que apesta es a alcohol. ¿No llevaréis cervezas? – Él y uno de los señores se descojonan, y el primero, animado, sigue -: aunque claro, si llevan botellas no nos lo van a decir a nosotros, ¿eh?

Un poco cansadas de él y sobre todo, preocupadas, le aseguramos que no hay ni una gota de alcohol en el coche, pero al ranger le ha encantado su broma y no para de decirlo una y otra vez. Para colmo, la única opción que se le ocurre es de campeonato: que vayamos a 5 kilómetros en coche y llamemos a asistencia en carretera a ver qué dicen; además, allí hay una caseta de rangers. “Pues como sean como tú, guapo, de poca ayuda…”

El mejor consejo, y el que seguimos finalmente, fue el del señor que parecía más serio. Si esperábamos a asistencia en carretera íbamos a estar en medio del desierto por lo menos tres horas esperando. El coche no parecía estar mal, ningún nivel alterado, lo mejor era bajar ventanillas y tirar hasta el pueblo más cercano. Además de eso, se nos ocurrió no encender el aire acondicionado de nuevo, por lo que el viaje fue bonito… El ranger además nos quiso (o al menos eso queremos creer) tranquilizar, y nos aseguró que él iba al mismo pueblo que nosotras, por lo que si nos parábamos de nuevo él nos vería. Pues arrancamos y no llevábamos ni doscientos metros cuando el ranger de los c…. se marcó un adelantazo y se largó echando polvo en la lejanía, y allí nos dejó, a cuarenta por hora, con cincuenta grados, ventanillas bajadas y en medio del desierto a nuestra suerte.

Moraleja: haz caso de un cartel cuando lo leas.

Moraleja dos: los ranger en EEUU están de adorno.

********

Antes de partir en dirección San Francisco, lo que marcaría ya nuestra última etapa en este viaje, decidimos a la vuelta del Gran Cañón volver a hacer noche en Las Vegas para así  descansar un poco antes de continuar, pues aún nos quedaban muchos kms. por recorrer.

La salida al día siguiente se demoró un poco más de lo que quisimos y para cuando quisimos salir ya era media mañana. Quizás un poco tarde cuando se sabe que hay que cruzar un desierto…y que esto suponía pasarlo a la mejor hora del día, las 2 o las 3 de la tarde!!!

Llenamos bien el tanque de gasolina y nos provisionamos de garrafas de agua y hielo que llevábamos en nuestra super-nevera de corcho, de $6!!! Una ganga que a pesar de lo cutre que era , hizo su papel!!!

Todo estaba  preparado para atravesar en esta primera parte del viaje a San Francisco, por uno de los lugares más inhóspitos de este planeta, Death Valley,, que si se traduce su significado ya lo dice todo…”El Valle de la Muerte”.

Se trata de un desierto de más de 13 km2 .Un paisaje de lo más árido y desolador, rodeado por cordilleras principalmente de origen volcánico, en el que se alcanzan temperaturas infernales.

Death Valley

Se suponía que para atravesarlo era necesario enseñar el pase o pagar como siempre una entrada, pero allí nadie parece controlar nada, el que quiere ser honrado se desvía hacia el visitor center y paga …

Solo unos pocos locos  y nosotras cruzábamos el lugar. El aire era tan caliente que solo salir del coche notabas como te quemaba, y a los pocos minutos se hacía insoportable.

Dentro de “Death Valley” una visita obligada es Bad Water, la depresión más pronunciada. Una zona de salinas, situada a casi 86 metros bajo el nivel del mar, donde históricamente se han registrado las temperaturas más altas del planeta, 57º!!!! Aquel día pensamos que si no llegamos, casi la rozábamos!!!

Bad Water es una charca de agua alimentada por algunos riachuelos que hay cerca de la carretera, y su nombre se debe precisamente a que la acumulación de sal en el agua la  torna en no potable. La zona no siempre está cubierta de agua y,  los ciclos repetitivos de congelación-derretimiento y evaporación forman una fina capa de sal con forma de hexágonos.

Bad Water, Death Valley

No sé qué se nos pasó por la cabeza cuando llegamos al lugar, pero al ver gente también explorando la zona decidimos bajarnos del coche y comenzar a caminar por aquel fino camino de sal que nos llevaría hasta la parte más profunda. Éramos las únicas valientes caminando por aquella gran llanura de sal y  empeñadas en tocar el final. Tal vez por obra del calor ni siquiera sudábamos. Nuestro cuerpo intentaba resistir y aclimatarse con escalofríos hasta que nos empezó a entrar sofoco, costaba respirar… La verdad es que pensábamos que estaba más cerca, y quizás lo estaba, porque es cierto que no estuvimos mucho tiempo, pero cada minuto allí se hacia más insoportable; y cuando no llevábamos ni 10 min.andando, decidimos dar la vuelta y fue entonces cuando empezamos a pensar que aquella caminata no había sido tan buena idea, mareos y náuseas fue alguno de los síntomas que tuvimos en nuestro retorno hasta el coche. Al llegar teníamos la cara arrebatada y nos tiramos a beber agua como locas… ¿ cuánto tiempo puede una persona sobrevivir en aquellas condiciones?

Es curioso, pero a pesar de todo esto que estamos contando y de parecer nosotras las locas, aún hay gente más colgada en este planeta, pues cruzando el parque con el coche vimos a dos Forest Gump intentando batir algún tipo de récord con un pulsómetro o algo así, vestido uno de ellos todo de blanco y otro empujando un aparato con ruedas, que parecía  una especie de refrigerador… Un poco peligroso parecía la hazaña teniendo en cuenta que no hay nadie si te da una pájara, y que ni con el mismísimo Ranger se puede contar más que para echarte una mano  al cuello…

Después de esto estabamos deseando dejar lejos aquel lugar, incluido nuestro coche que también se quejó de calor y nos hizo poner los pelos como escarpias pensando en la ligera posibilidad de quedarnos allí tiradas durante horas…

carretera Death valley

En nuestro camino hacia San Francisco habíamos planeado hacer un alto en el Parque Nacional de Yosemite, pero como el camino era largo y comenzaba a oscurecer, nos quedamos a dormir en Bridgeport, muy cerquita de la entrada al parque.

A la mañana siguiente, antes de adentrarnos en Yosemite y a pocos kms de Bridgeport , se encontraba Bodie, un histórico pueblo casa fantasma Bodieminero, considerado ahora como pueblo fantasma. El camino hasta Bodie no era muy largo pero la carretera era tan mala que nos llevó casi tres cuartos de hora. Para poder entrar en él, hay que pagar una entrada de $7 , y el horario para visitarlo es de 9am-6pm. Es curioso ver aquel pueblo entre praderas verdes y con vistas  de las montañas nevadas de Yosemite. Un lugar devastado por el tiempo, en el que parecía que sus habitantes habían tenido que abandonar repentinamente sus casas, ahora derruidas con polvo y telarañas, y efectos personales todavía esperando sobre  mesas o  tirados en habitaciones…Subimos y bajamos por los caminos que iban entre la iglesia, la escuela, el hostal… y  una tienda de droguería con posters del último detergente y un maniquí en el escaparate,… Todo el pueblo coronado por la vasta construcción con la que se extraía carbón y de la que vivía esa gente; es sobrecogedor, y desde luego merece la pena la parada.

pueblo Bodie

Después de aquella breve visita pusimos rumbo a Yosemite, pues había mucho que ver y el problema es que debíamos salir del parque al final del día, ya que el alojamiento allí estaba completo, a pesar de que  lo habíamos intentado desde España semanas antes.

Entramos por Tioga Road, y aunque quizás esta entrada es más larga que la que está en la zona sur, por Fresno, merecía la pena por las vistas panorámicas que ofrecía.Esta carretera solo es accesible en verano porque durante el resto del año suele estar cortada por la nieve.

vistas Tioga Road Yosemite

Desde allí llegamos al Valle de Yosemite, y lo primero que nos desilusionó  fue la cantidad de gente y de coches que había. Acostumbradas a la paz y tranquilidad del Cañón, esto se convertía en un poco estresante… El valle está lleno de bonitas cascadas, lagos, praderas y grandes rocas, entre las que destacan la del Half Dome y el Capitán, icono del parque. Uno de los mejores puntos desde el que apreciar el valle es Glacier Point.

cascada Yosemite

Más hacia el sur se encuentra Mariposa Grove, un bosque de secuoyas, unos árboles gigantes que tienen más de 1000 años de antiguedad, y que te hacen sentir tan pequeñito a su lado, como si fueras David el Gnomo. Habíamos imaginado este bosque parecido a un paisaje asturiano, todo verdor y humedad, y salpicado de apretujadas, enormes e imponentes secuoyas. Bien, las secuoya Yosemitesecuoyas son magníficas, unos troncos imposibles de abarcar como no des un rodeo de varios pasos. Unos troncos lisos y blandos como alcornoques, pero no estaban juntos…Tenías que ir buscando cada uno de estos árboles en el punto que indicaba el mapa, y cuando llegabas estaba cercado y lleno de gente fotografiando. El resto del bosque: pinos. Ni arroyos, ni helechos, ni coníferas…vamos que nos decepcionó un poco. Lo salvó un paseo fuera de ruta que  nos dimos y en el cual tropezamos con unas secuoyas aisladas, sin cercar, sin gente, que  no tenían nada que envidiar a las otras en tamaño. Sin duda recomendamos salirse fuera de la ruta establecida y disfrutar de una caminata en silencio.

Este día conseguimos dormir muy cerquita de la salida del parque, en Oakurst, lo que nos permitió volver a regresar al parque para ver las secuoyas y ya tomar la salida oeste del parque en dirección San Francisco. Pero antes de abandonarlo, Yosemite decidió obsequiarnos con un gran regalo que disipó en parte el fracaso en The Wave, y es que ¡por fin vimos al tan buscado oso! Bien, no fue Yogui en Yellowstone, pero la osa venía hasta con crías:

oso Yosemite

 

Published in: on 31/07/2011 at 8:26 pm  Comments (8)  
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The Wave

Si al principio del blog comenté que las “Havasu Falls” serían mi espinita clavada, “The Wave” acabó siendo una gran estaca.

El lugar dí con él por casualidad, es difícil oir o leer de este sitio, ni si quiera en el Lonely Planet lo menciona… Se trata de un lugar mágico, apartado de todo, al que sólo unos pocos, los elegidos, serán otorgados de ese gran privilegio.

Como en muchas cosas, una imagen vale más que mil palabras:

the wave arizona

No es fácil acceder a “The Wave”, no existen señalizaciones y se encuentra escondido entre un paisaje que puede llegar a parecer todo igual, confundiéndote y desorientándote. Sólo 20 personas al día podrán obtener el pase a este lugar, que es guardado con tanto recelo.Para dar más misterio y despertar aún más curiosidad y anhelo por ver el lugar, todo es presentado como una especie de “juego”…

A diez de las personas se les concederá el derecho de ir a través de un sorteo on-line, para el cual has de comprar “la papeleta” para el día que desees ir. Dicho sorteo se hace 4  meses antes , por lo que nosotras llegamos  tarde ,ya que planeamos el viaje a escasos 2 meses de partir…pero aún teníamos una última posibilidad…Cuando leí sobre ello, aún me fascinó más por como era presentado todo. Definitivamente algo me atraía y me decía que merecía la pena intentarlo .

Resulta que el día anterior se realiza un sorteo presencial para las otras 10 personas.Estas han de presentarse en una caseta que se encuentra en la carretera entre Page y Kanab, en la milla 21 de Hwy 89, y que se encuentra como no… sin señalizar…

Hay que tener cuidado con el tema de la hora porque aunque Page y Kanab están muy cerquita, como Page está en Arizona, y Kanab en Utah , allí es 1 h. más. La caseta abre a las 8.30 y es entonces cuando lo asistentes se registran y rigurosamente a las 9 de la mañana se realiza el sorteo, participando sólo los que están allí presentes y previamente registrados.

A cada grupo de personas se les da un número, es decir, que si por ese número participan cuatro personas y toca, sólo con ese número ya se habrán cubierto casi la mitad de las plazas que se optan para  ir al día siguiente, pero el problema de los grupos grandes, es que si quedan dos plazas y sale un número por el que participan más personas, estos habrán de decidir quien no va o bien rechazar todas las plazas.

Para poder acceder hasta “the Wave” hay que ir primero en coche por una carretera de piedras, tierra, y arena durante poco más de 12 km, y en ocasiones con tantos desniveles en el terreno provocados por el agua que recomiendan  llevar un 4×4. En esta ocasión pintaba bien porque nos dijeron que se podía acceder con un coche normal pero yendo despacio y con precaución. Después el coche se deja en un “parking” habilitado y comienza la exhausta caminata de al menos 3h. i/v… sin con suerte… no te pierdes…Para poder llegar te dan mapas, y fotografias del lugar para que te orientes y hasta te dan las coordenadas de todos los puntos de las fotografías y como no de “The Wave”.

*****

Casi no habíamos dormido, pero a pesar de ser nuestra famosa noche del “coche”, nos levantamos como un resorte ante la perspectiva del sorteo para The Wave. Cuando al fín encontramos el escondido kilómetro 21 de la carretera, estábamos como flanes. Nos adentramos hasta una caseta que aparecía cerrada y aparcamos. Solo había otro coche, un suburban de Canadá en cuyo interior un hombre escuchaba música recostado. Nerviosas como estábamos, nos pusimos a pasear sin poder estarnos quietas. Durante la media hora siguiente vimos llegar un coche tras otro… ¿cómo explicar el deseo de hacer desaparecer esos coches? ¿la cantidad de ideas que se te ocurren como por ejemplo quitar de ahí el punto kilométrico? sería tan fácil cambiarlo por un 81…  En la puerta había publicada una hoja con la cantidad de personas que se habían presentado al sorteo cada día, y comprobamos que el día de más afluencia había habido 40 personas, el día que menos, sólo 9!! qué afortunados, todos podrían entrar! pero la media estaba en unos 20, fifty fifty. No parábamos de mirar la carretera, y nos desanimábamos cada vez más cuatos más coches llegaban: demasiadas familias, pocas parejas, demasiada gente…

listado sorteo wave

A las 8:30h se abrieron las puertas, y nos pusimos a rellenar unos formularios, y ahí ocurrió un detalle que marcaría el primero de nuestros fracasos: Comenzamos a rellenarla y terminábamos casi las primeras, por lo que nos asegurábamos un número de sorteo bajo, y de pronto faltaba el número de licencia del vehículo. Fuimos a buscarlo al coche, pero casualmente no estaba donde debía de estar, tampoco en otro sitio… para cuando conseguimos encontrar el número de licencia, ya otros siete se nos habían adelantado, por lo que nuestra suerte estuvo tirara para el número 8. Bien, un número que nos decepcionó a ambas, pero el sorteo seguía su curso, y para cuando dieron las 9:00h, éramos 34 personas ¡34! Uno de los días de más candidatos!!! solo 10 plazas!! Todo se lleva a cabo de manera muy formal: la señora cierra la puerta a las 9:00h y quien no esté dentro, no participa; pasa lista a los nombres y dice su número de la suerte, mete las bolas de madera con cada número en el bombo y se pone a girar la manilla.

mujer sorteo the wave

Para ese momento habíamos tenido tiempo de entablar conversación con una pareja de catalanes que parecían haber llegado allí por casualidad, tipo “vimos esa foto tan bonita y preguntamos dónde estaría ese sitio y dijimos, pues vamos a probar el sorteo, a ver si hay suerte” “Y qué número jugáis” “el 4, ¿y vosotras?” “el ocho” pues suerte!

El primer número que salió de las 18 bolas que había fue el 4! Pegamos tal bote de alegría que retumbó en toda la sala y la gente pensó que nos había tocado a nosotras, porque lo que son los catalanes (y no tenemos nada en contra de los catalanes), parecía que tenían hielo en las venas. Más números, el canadiense, ¡genial! uno solo… todavía quedan siete plazas, ¡vamos número 8! La siguiente bolita de manera cayó para una familia que venía en una caravana y que estaba formada por nada menos que 5 personas!!!! nuestro gozo en un pozo, ya solo cabía la posibilidad de un número más. Siguiente número… no fue el ocho, pero tocó a otra familia, más de dos personas, por lo que lo rechazaron, ¡yuju! otra bolita… a otro grupo de más de dos personas, lo rechazaron ¡ufff! qué alivio!! nuestras emociones ya se columpiaban con cada número y cada rechazo, sabiendo que nosotras, al ser solo dos, podríamos aceptarlo. El siguiente número fue a parar para otra pareja; por supuesto, aceptaron. Fin del sorteo. Casi nos pusimos a llorar.

Pero bien, nos recompusimos, y es que teníamos un as guardado en la manga. En nuestros planes de viaje habíamos previsto un traspié como este, y como nuestro deseo por visitar The Wave era tan inmenso (por no decir obsesivo), habíamos planificado otro día más de sorteo, y lo bueno era que al ser el siguiente sorteo para un lunes, nos quitaríamos de encima a todos aquellos de fin de semana.

Ocurrió algo muy curioso a lo que no dimos importancia hasta más adelante cuando lo estuvimos hablando: la chica catalana, una vez con el pase para The Wave en la mano, se nos acercó balanceándolo en la mano y, riendo, comentó:

– Se vende, jaja!

Nos reímos, pero luego concluimos que la muy avara habría aceptado dinero por el pase, y es que en todas partes todo el mundo se vende…

Esa tarde , tras la visita al Antelope Canyon, estábamos tan desanimadas que nuestros pensamientos sólo giraban en torno al sorteo, por lo que nos inventamos una excusa para ir al punto 21 y sonsacar información a la señora del sorteo. Habíamos oído que para acceder a esa parte era imprescindible un 4X4 por las dificultades del terreno, por lo que podíamos ir y preguntar dónde alquilar ese coche un domingo en caso de que al día siguiente nos tocara, y ¿quién sabe? tal vez alguien (la catalana, tal vez) se había torcido un tobillo en la ducha y había llamado avisando de que no podría ir y ¡ya teníamos pase! Pero no… nuestro gozo en un poco, todos irían y nosotras seguíamos fuera al día siguiente.

Nos preguntaron si íbamos a querer el mismo número para el siguiente día, y dijimos que sí. Desde el momento que nos levantamos, mientras nos vestíamos y cogíamos el coche, íbamos pensando en el número 8. Ocho, el infinito, ocho en el punto kilométrico, ocho en el reloj… queríamos atraer la suerte a nuestro número. ¿Funcionó?

La señora del sorteo nos saludó y cogió nuestra hoja con nuestro número, nos preguntó si deseábamos mantenerlo. Sí, queremos el ocho (como para cambiar ahora! además, por probabilidades, tenía que tocar, ayer habían rozado todos los números, del 1 al 9, todos salieron menos el nuestro, por lo que hoy tenía que salir por narices!!) A las 8:45h éramos solo 14 personas: cinco parejas, una familia de tres y una mujer sola. Hubo un pequeño revuelo de formularios al que  no dimos importancia. A las 8:55h llegó un último coche, dos personas más, ya éramos 16, pero comparados con los 34 del día anterior ¡tenía que tocar! A las 9:00h la señora pasó lista: el primer nombre, el nuestro, acompañado del número 1. ¿El 1? saltamos, confundidas porque nuestro número era el 8, no el 1! pues resulta que como en principio solo eran siete números, había eliminado el ocho y recolocado en el uno, pero luego al llegar la última pareja, había vuelto a colocar el 8. Y comenzó el sorteo, nosotras con el número 1…

nervios sorteo the wave

Salió un número, luego otro, luego otro… ninguno el 1. ¿Que si salió el 8? Quedaban solo cuatro plazas. ¿Cuál fue el penúltimo número? Sí, efectivamente, fue el 8. ¿Quién lo tenía? la última pareja. Sinceramente, cuando escuchamos el número ocho no sabíamos a quién pegar, a quién estrangular, porque el sorteo y The Wave se nos iban de las manos, nuestro último día. ¿Cuál fue el último número? No fue el 1, pero les tocó a la familia de tres, solo dos plazas, por lo que evidentemente tenían que rechazarlo, y si lo rechazaban dejarían hueco para un último número… y cuando iban a rechazarlo saltó la mujer del número ocho y ofreció gentilmente a la familia su plaza, pues ella realmente no quería ir, solo lo hacía por su marido, pero si rechazando ella, daba plaza para que la familia pudiera ir… por lo tanto… fin del sorteo. Fin de The Wave para nosotras…

O eso pensábamos. Dicen que no hay que forzar las cosas, pero también que el destino se escribe solo, y todavía nosotras no sabemos si la persona que se nos acercó momentos después de este fracaso fue un ángel o un demonio. Él, al igual que nosotras, había probado suerte el día anterior, pero no le tocó. Repitió, y el segundo día le tocó. Resultó ser un Ranger! igual de decidido que nosostras a vivir esta experiencia, que el día anterior al no haberle tocado, se había internado por la zona de The Wave en busca de los rangers de allí con la intención de que, de colega a colega, le dejaran entrar, pero por lo visto ni con esas, al lugar solo se puede acceder por sorteo; pero por algún lado le dejaron caer que justo el lunes (el día que habríamos de hacerlo) era  día de entrenamiento, por lo que pocos rangers habría de guardia… vamos, que casi imposible que pillaran si alguien se internaba de manera ilegal. Esa fue la idea que el chico nos dejó caer, primero discretamente, luego más claro. Él, al ser americano y ranger, tenía mucho que perder si le pillaban, pero nosotras, extranjeras,”según él” no podrían hacer nada contra nosotras más que una patada en el culo y  fuera de la zona, y  eso si nos pillaban… Ya, pero… ¿cómo conseguíamos los mapas y fotos para acceder al lugar? Pues de nuevo nos lo resolvió. Media hora más tarde cuando los elegidos salían cargados de fotos y mapas, el chico-ranger se metió en nuestro coche y nos dejó fotografiar cada hoja, cada fotos, cada advertencia. Se fue de allí deseándonos suerte y nosotras ilusionadas.

Por la tarde, ya en el hotel, surgieron dudas. Descargamos los mapas en el ordenador, los ampliamos y recompusimos rutas en folios, añadiendo advertencias, puntos y coordenadas. Era una caminata de dos horas ida y dos horas vuelta por el desierto. En las fotos, el punto número 1, un camino de tierra, parecía exactamente igual que cualquier camino de tierra, una colina idéntica a las diez que la rodeaban… recomendaban (imprescindible) tres litros de agua por persona (no deja de ser un desierto), e ir cubiertos. Había siete puntos, pero tan iguales… el alma se nos cayó a los pies al ver la vasta zona que rodea The Wave: desértica, kilómetros y kilómetros de nada construido. Si nos equivocábamos de camino, de punto, tanto  a la ida como a la vuelta, ¿qué hacíamos? el lugar no tenia cobertura, los rangers no pasaban por allí y encima era su entrenamiento (precisamente por eso íbamos a colarnos), y el gps tenía una batería de una hora, inservible… lo peor (sí, existe un peor), nadie, absolutamente nadie (no estábamos en las listas del sorteo) sabía que ese día estaríamos ahí. Barajamos dejar una nota en el hostal indicando dónde iríamos y que si a la noche no habíamos llegado, enviaran a buscarnos; o incluso atar un hilo del coche (estilo pulgarcito) e ir tirando…

Demasiados frentes abiertos… por un lado el de entrar de manera ilegal, pues aunque fuera poco probable que nos pillaran y diciéndonos que no podrían hacer nada contra nosotras, lo que está claro es que existen multas para aquellos que se adentran sin permiso, ¿ y si no era cómo aquel Ranger decía? Por otro lado el coche… la zona era fastidiada, de hecho siempre quisimos ir detrás de alguien que llevara un 4×4 por si acaso, pues aunque era posible entrar con un coche normal no nos aseguraban que pudiéramos quedarnos tiradas y el seguro no cubre en zonas de tierra, y encima si nos dejaba el coche tiradas lo que estaba claro es que nos pillarían de lleno. Por último y más importante…el riesgo de entrar solas sin que nadie  supiera que estábamos allí y la posibilidad de desorientarnos y perdernos…

Finalmente decidimos no hacerlo. A las dos de la mañana todavía la decisión nos tenía en vela. Nos resistíamos a no probar, incluso pensamos en acudir una tercera vez al sorteo, pero sería alterar por completo el resto del viaje… Muy a nuestro pesar The Wave pasó, la oportunidad se perdió y nos fuimos de allí con un fondo de desilusión que nada puede quitar, aún sabiendo que fue lo correcto.

Vamos, que la película 127 horas se nos antojaba en aquellos momentos todavía más espeluznante por lo inminente.

 

the-wave

 

 

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Que sensación nos dejó “The Wave”…, aún no entiendo porqué el destino no quiso que fuéramos… y ambas algo supersticiosas pensamos que no debíamos tentar más a la suerte, pero y el Ranger???  No lo entiendo…era una tentación del destino? o simplemente era nuestra última carta y la desaprovechamos…?

En fín…como dije es una gran estaca que me queda muy pendiente,  y quiero creer que hicimos lo correcto…el riesgo y lo que nos jugábamos si salía mal era un precio demasiado alto…

Ahora entiendo aquellos que también lo intentaron y fracasaron, la impotencia que se siente cuando uno viene de tan lejos, lo ve ya hecho porque lo teníamos mucho más fácil que todos aquellos que participaron on-line, y le dicen que “vuelva mañana a intentarlo”…

Sólo conseguí encontrar un par de blogs de personas que lograron hacerlo y fueron los que me dieron pie a intentar esta aventura.

Aquí dejo un enlace de alguien que escribió con mucho detalle su aventura en “the Wave”, espero que os sirva de ayuda a aquel que desee probar suerte.

http://www.squidoo.com/hiking-the-wave-coyote-buttes

Published in: on 30/07/2011 at 9:23 am  Comments (15)  
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